Vanesa, ya te aviso de que mis hijos son un terremoto. No sé si vas a poder sacarles una foto buena".


Si me dieran un euro por cada vez que una madre o un padre me dice esto antes de empezar una sesión, probablemente ya me habría jubilado en el Caribe. Es, sin duda, vuestro mayor miedo: que los niños "se porten mal", que no miren a cámara, que corran, que lloren o que no quieran colaborar.


Y hoy vengo a decirte algo que quizás te sorprenda: ¡Menos mal que no se están quietos!


En Meraki by VGracia, la quietud no es el objetivo. La vida no es estática, la infancia no es rígida y, por lo tanto, vuestros recuerdos tampoco deberían serlo. Déjame explicarte por qué ese "caos" que tanto temes es, en realidad, la magia que busco.

 

Dos niños pequeños corriendo felices por un camino de tierra entre los árboles, reportaje de fotos familiar en exteriores en Sant Cugat,

La diferencia entre posar y vivir

Si intentamos obligar a un niño de 3 años a sentarse en un banco, cruzar las piernas y sonreír a una lente negra durante 10 minutos, lo único que conseguiremos es una sonrisa forzada (esa de "enseñar los dientes") o una rabieta justificada.


Yo no busco que tus hijos posen. Busco que sean ellos mismos. Prefiero mil veces una foto de tu hijo corriendo hacia ti para abrazarte, con el pelo alborotado y una risa real, que una foto perfecta donde parece una estatua de cera. La perfección es aburrida; la emoción es lo que perdura.

El aire libre, nuestro aliado


Por eso me gusta tanto realizar las sesiones en exteriores (bosques, playas, parques). A diferencia de un estudio cerrado con focos delicados donde hay que tener "cuidado", el aire libre es un patio de recreo gigante.


Aquí pueden correr, tirar piedras al río, esconderse detrás de los árboles o buscar tesoros. Cuando los niños sienten que están jugando y no "trabajando", se relajan. Y cuando se relajan, es cuando disparo.

Niña jugando feliz y lanzando hojas de otoño al aire en el bosque, sesión de fotos infantil lifestyle en Collserola, Meraki by VGracia.

Gestionar el caos es mi trabajo, no el vuestro


Papá, mamá: esto es importante. Durante la sesión, quitáos el peso de la responsabilidad. No necesitáis reñirles, ni decirles "mira a la chica", ni "estate quieto".


Dejadme eso a mí. Tengo mis trucos, mis juegos y, sobre todo, mucha paciencia. Estoy acostumbrada a los ritmos de la infancia. Si hay que correr, corremos. Si hay que tirarse al suelo, me tiro. Si hay que parar para merendar, paramos. Vuestra única misión ese día es abrazarles, hacerles cosquillas y disfrutar del paseo. Si vosotros estáis tensos, ellos lo notan. Si vosotros jugáis, ellos juegan.

La belleza de lo imperfecto


Dentro de 20 años, cuando miréis estas fotos, no querréis recordar lo bien peinados que iban. Querréis recordar esa energía inagotable que tenían, esa forma de arrugar la nariz cuando se reían a carcajadas o cómo se agarraban a vuestra pierna cuando tenían vergüenza.


Esos gestos "imperfectos" son los que conforman su personalidad. Así que, por favor, venid a la sesión sin miedo al caos. El caos es vida, y yo estoy aquí para capturarla bonita.

A playful game of chase between a fluffy Pomeranian dog and someone in denim on a tree-lined path.

 

¿Te animas a una sesión sin estrés?


Si buscas fotos tradicionales de estudio donde nadie se mueve, quizás no soy la fotógrafa para ti. Pero si quieres una tarde de juegos en familia donde, además, os llevéis un recuerdo precioso para toda la vida, aquí me tenéis.


Prometo que tus hijos podrán ser niños.