Fotos de comunión en la playa: Cuando los niños (por fin) pueden ser niños
Si cierras los ojos y piensas en "fotos de comunión", ¿qué te viene a la cabeza? Seguramente un estudio con focos, un fondo pintado, un niño muy tieso con las manos cruzadas y el clásico miedo a: "¡Cuidado, no te manches el traje!".
Hoy quiero enseñarte que otra forma de recordar este momento es posible. Y aunque la temporada de comuniones de este año ya va llegando a su fin, quiero dejar esta historia por aquí para todas esas familias que ya están soñando con reportajes diferentes para el año que viene.
Hoy nos vamos al paseo marítimo de Castelldefels para contaros la historia de una mañana donde pasamos de la timidez absoluta a terminar (literalmente) pasados por agua.
El miedo a mancharse vs. Las ganas de jugar
Cuando conocí a nuestro protagonista, un chico de 10 años súper educado pero bastante tímido, su principal preocupación estaba clarísima: no quería arruinar su ropa de comunión. Es algo súper habitual y totalmente comprensible. Los peques sienten mucha presión ese día por ir impecables.
Pero en la fotografía lifestyle, el objetivo no es que la ropa salga perfecta, sino que el niño se reconozca al mirar la foto dentro de veinte años. Por eso empezamos la sesión dando un paseo tranquilo por Castelldefels, sin forzar nada, dejando que el sonido del mar fuera relajando el ambiente.
El truco infalible: Trae lo que te hace feliz
Si hay algo que rompe el hielo en mis sesiones es integrar las pasiones de los peques. En este caso, él es un apasionado del baloncesto. Así que, ¿por qué no llevar un balón a una sesión de comunión?
Verle botar la pelota y jugar un rato fue el clic que necesitábamos. Se olvidó de la cámara, se olvidó de las posturas y, de repente, empezó a divertirse de verdad. Las mejores sonrisas siempre llegan cuando están concentrados haciendo lo que más les gusta.
Un final pasado por agua (y lleno de carcajadas)
Lo que empezó con un "no me quiero manchar", terminó de la forma más mágica posible. El ambiente estaba tan relajado y él se lo estaba pasando tan bien que, casi sin darnos cuenta, el balón acabó cerca del agua... ¡y él también!
Terminamos la tarde en la orilla, metiendo un poquito los pies en el mar, riendo a carcajadas y jugando a salpicar a su madre y a su tía, que le acompañaban en la sesión y que no dudaron en unirse al juego. Ese es el verdadero recuerdo de su comunión: una tarde en familia donde lo más importante fue ser feliz.
¿Buscáis algo así para el año que viene?
Portrait and lifestyle photographer, baRCELONa.
Sé que a los padres os impone un poco salir del estudio tradicional, pero os prometo que cuando dejáis que vuestros hijos sean ellos mismos, la magia ocurre. Si tu peque hace la comunión el año que viene y te apetece que su reportaje sea una experiencia natural, divertida y en familia (ya sea en la playa, en el bosque o donde más os guste), escríbeme y empezamos a darle forma.